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Rabí
Eliezer vivía en una aldea y una de sus grandes virtudes era que se
destacaba en cumplir el precepto de traer huéspedes a su casa. Por
tal razón colocó guardias en los confines de la aldea, para que ni
bien vean a algún visitante, inmediatamente lo envíen a casa su
casa, y les encomendó que le avisen al huésped que en casa de Rabí
Eliezer la pasará bien, para que el visitante no se haga problema
en pensar donde ir, tratándose de un lugar donde no lo conocen.
Inmediatamente que llegaba el invitado le entregaba un presente
apropiado antes de la comida para que coma con alegría y sepa como
se comportan por aquí, ya que el necesitado se preocupa
primordialmente en conseguir algunas monedas para llevar alimento a
su casa.
Cierta
vez lo alabaron en el las alturas celestiales por su excelente
conducta y concordaron en el cielo en ponerle una prueba. Se
preguntaron ¿Quién irá para probarlo?, y dijo el ángel rebelde (ver
sobre este ángel en Pirkei
de Rabí Eliezer capítulo 13), ¡Yo iré!.
Dijo
el profeta Eliahu: “No es bueno que tú vayas, ¡yo iré!”.
Y
fue hacia él Eliahu, sea recordado para buena memoria, en Shabat
después del mediodía con aspecto de menesteroso, portando su bastón
y mochila de pastor. Llegó y saludó “¡Buen Shabat!”, (como se
estila).
Lo
usual hubiera sido que lo expulsen de la casa, (ya que uno tiene su
familia a la que cuesta bastante educar para respetar el Shabat y
los preceptos, entonces cuando viene alguien violando todas esas
reglas, como este que portaba sus herramientas de pastor cuando está
prohibido cargar en este día tan preciado por el pueblo judío),
pues uno no desea que ingrese a su casa un extraño y ofrezca una
influencia negativa a los integrantes de la familia. Pero Rabí
Eliezer no obró así, sino que era muy paciente y no quiso
ofenderlo, inmediatamente le dio de comer la tercera comida que se
estila durante el Shabat (Seudat shelishi), y posteriormente, a la
noche le sirvió la cena de despedida al Shabat, conocida como “Melave
Malka”, y así en la mañana del día siguiente le entregó
un presente y no le recordó para nada concerniente a su transgresión
al Shabat, pues no quería avergonzarlo. Y cuando el profeta Eliahu
vio su buena conducta, se reveló a si mismo y le informó: “!Sabé
que yo soy el profeta Eliahu y vine para probarte, y como recompensa
por haber aprobado la prueba, te nacerá un hijo que alumbrará los
ojos de los hijos de Israel!”.
Así
se acreditó Rabí Eliezer que le naciera Rabí Israel Bal Shem Tob.
Taamei
Haminhaguim, minhag 217, en nota de pie que comienza “Ubesefer”,
en nombre del libro “Rajamei Haab”
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