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Historias
del Rabi Iosef Jaim (Ben
Ish Jai) |
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Aconteció
que un señor adquirió un objeto de oro de gran tamaño, solo que
había en la composición del producto también cobre, y no sabía
cuales eran las proporciones de la aleación.
De
todos modos, adquirió el elemento al azar abonando la suma de mil
monedas de oro. Es factible, que en una operación futura, pueda
ganar dos mil monedas de oro, y también existe la posibilidad que
no le abonen por el mismo, sino solamente quinientas monedas y
consecuentemente pierda quinientas.
Luego de finiquitar los trámites de la compra y abonar la suma
pactada, se dirige a su casa, ya que sentía en su corazón una
profunda preocupación ante la hipotética posibilidad de perder en
una futura transacción del producto y esa sería una causa de
arrepentimiento por el negocio realizado.
Como
causa de haber entrado a su casa mostrando síntomas de
decaimiento, se acercó uno de sus amigos y comenzó a
realizar todo tipo de bromas y además desplegó un gran repertorio
de chistes.
Solo
que por más que su compañero se esforzaba en alegrarlo, el hombre
no se inmutaba de su estado en el que se encontraba y no prestaba
atención a quién trataba de reanimarlo, además no se notaban en
su rostro signos de felicidad.
Más
tarde llega otra de sus amistades y le comenta: “¡Que buena
suerte que haz tenido con el objeto que adquiriste el día de hoy,
ya que lo tuve en mis manos y pude analizar en detalle sobre las
características del mismo, ya que mi oficio y profesión se conecta
con ese tipo de cosas, y pude detectar que la aleación de cobre es
mínima, por lo que predomina altamente el oro, motivo que hace que
en una futura venta puedas obtener por el objeto una cifra estimada
en dos mil monedas de oro!.
El
hombre se alegró en gran manera y su rostro se mostró sonriente.
El
hijo de ese señor estaba sentado un tanto lejos del lugar y no
escuchó las palabras del segundo compañero que vino a visitarlo.
Solamente vio al primero que hizo muchas bromas, ya que todos los
que escuchaban se rieron mucho, solo su padre residía sentado en su
silla triste, y sin mostrar una sonrisa en su faz. Y vio al segundo
que pronunció una decena de palabras y su padre se mostró con el
rostro resplandeciente manifestando una gran alegría.
Luego que se pusieron de pie, se levanta y pregunta el hijo a su
padre.
¿Por qué tu reacción con este fue así
y con al otro de manera diferente?.
Le
contestó “¡Hijo mío!, el primero sabía de la mercadería que
obtuve por la suma de mil monedas de oro, se acercó y comenzó a
realizar todo tipo de chistes y bromas, entonces, por el contrario,
me preocupé aun más por la adquisición, ya que me dije a mi mismo:
¿Para qué este viene con todo tipo de bromas y chistes a alegrarme
justo en este momento?. Seguro que sabe que lo que compré fue una pésima
inversión y por eso es que viene a tratar de alegrarme para
apaciguar la aflicción de mi pena. ¿Y de qué me sirve la alegría
si existe una pérdida tan grande en la operación?.
Pero
el segundo, me habló palabras de elogio sobre la adquisición, ya
que él sabe y conoce que es de buena calidad el objeto, y que
seguramente obtendré una buena ganancia, por eso me alegré.
Se
desprende de aquí una enorme enseñanza relacionada con lo que
dijeron nuestros sabios, o sea, “Todo aquel que disfruta del
banquete del novio, tiene la obligación de alegrarlo”, y relacionándolo
con nuestro suceso de arriba, deberá el invitado, elogiar a la
novia delante del que contrae enlace, como aquel del caso anterior,
que elogió la mercadería que adquirió su amigo, como versa “Una
novia bella y bondadosa, etc. para que se pose la bendición en tu
casa, etc., ya que todo el tiempo que se hallaba solitario, sin
contraer enlace, se encontraba sin alegría, sin Torá, sin
contenciones, etc., y de ahora en más se convertirá en un
recipiente adecuado para recibir todas estas bendiciones, y si se
callare y no alegrare al novio, tenemos que le provoca una gran
aflicción, insinuándole algo así como si se hubiera colgado una
piedra al cuello con la nueva adquisición (su esposa), ya que hay
personas ignorantes quienes piensan que la mujer es una mala
adquisición para el
individuo, Hashem nos libre y guarde. Como dijeron sobre cierto filósofo
que no quiso casarse todos los días de su vida, o el otro, que tomó
como esposa una mujer de muy baja estatura, y le preguntaron ¿Por
qué?. Entonces respondió “Haz de elegir el mal en pequeña
medida”. Es por eso que dijeron nuestros maestros de bendita
memoria: “Todo el que tiene provecho del banquete del novio y no
lo alegra, transgrede por cinco voces, y quién lo alegra se
acredita el mérito de la Torá que fue dada mediante cinco voces”.
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