Esta es la historia del papá de Rashi,
que luego de este desenlace que relateremos se acredita el
mérito de que le nazca un hijo que iluminaría los ojos del
pueblo de Israel, todo gracias a esto que veremos enseguida:
Muy
pobre era Rabí
Itzjak. con mucha dificultad ganaba el pan de cada día y vivía
de manera muy ajustada. De todos modos, jamás se quejó de su
pobreza, y su mujer se arreglaba con lo poco que tenía y
recibía con amor el destino que les había tocado.
Solo
una cuestió perturbaba el corazón de ambos, era que ya había
transcurrido varios años desde su compromiso, y aun no tenía
hijos.
Abundantes
plegarias derramaron delante de Hashem, para que se apiade de
ellos y les de un varón que continúe el camino de ellos y
alumbre sus vidas.
Habían
derramado lágrimas como agua en sus plegarias y aguardaban con
fe y confianza que su pedido se haga realidad.
Rabí
Itzjak se esforzaba tremendamente en busca de conseguir algún
trabajo para llevar unas monedas a casa.
Cierta
vez, habían transcurrido varios días sin obtener ingresos y el
hambre comenzó a hacerse sentir.
Decidió
salir a hasta la costa marítima para ver por si llega alguna
embarcación cargada de mercadería, y él podría conseguir
algunos clientes y recibir algún pago por ello.
Solo
que cuando llegó a la costa vio que todo estaba desolado, y
ninguna embarcación se divisaba en las proximidades.
Comenzó
a caminar emprendiendo el regreso e inmerso en su pensamiento de
que seguramente Hashem le enviará el sustento para su casa de
algún otro lado.
Mientras
se desplazaba camino a la ciudad, y permanecía inmerso en sus
pensamientos, de repente, he aquí divisa a la distancia algo
que brilla semienterrado en la arena.
En
principio pensó Rabí Itzjak que se trataba de un simple trozo
de vidrio que fue arrojado de una de las embarcaciones que
anclaron en el puerto.
De
todos modos, perdido por perdido, decidió acercarse para
verificar de que se trataba el objeto que brillaba en la arena.
Se
agachó y cavó un poco para extraer el hallazgo y lo alzó.
Comenzó a girarlo en su mano y observaralo desde todos los
ángulos y no podía creer lo que veían sus ojos. He aquí, se
trataba de una gran piedra preciosa como del tamaño de una nuez.
Pensaba
y balbuceaba: "¿Esto será un sueño o la pura realidad?".
Y cuando comprendió finalmente que en verdad tiene en sus manos
una piedra preciosa, comenzaron a deslizarse lágrimas por
sus mejillas y esbozó una sentida y conmovedora plegaria de
agradecimiento a Hashem que le otorgó este presente en un
momento de tanta necesidad, y ya no necesitaría derrochar
practicamente todas sus energías en busca de alguna changa a
cambio de una moneda.
Se
dio prisa Rabí Itzjak en regresar a su casa para mostrarle a su
esposa el hallazgo, y durante todo el trayecto aprisionaba la
piedra en su mano para que no se le resbale por accidente.
Cuando
llegó, relató a su esposa con rostro resplandecente de
alegría y ojos que parecían emanar chispas de tanta felicidad,
sobre la piedra preciosa que le puso Hashem en el camino.
La
señora, cuando vio el gran hallazgo de su marido, rompió en
llanto como causa de la tan fuerte e impactante noticia y
proclamó alegremente: "Bendito sea Hashem, al fin
terminará nuestra pobreza, pues esta piedra parece ser muy
valiosa!".
Continúa