Free Web Hosting by Netfirms
Web Hosting by Netfirms | Free Domain Names by Netfirms

 

 

 
 
Visitá también
 

$

 

         a

“Rashi"

Los sabios de Israel

El papá de  Rabí Shelomó ben Itzjak (Rashi)

Tercera parte. 

El extravío de la piedra preciosa

Llegó el día pactado para emprender el viaje hacia lo del rey de Francia, y abordó Rabí Itzjak y los sacerdotes la embarcación que los llevaría a destino.

Circulaban multitudes de pensamientos por la cabeza de Rabí Izjak para ver como escabullirse de la venta de la piedra. De repente se le ocurrió algo espléndido, pero si llevaba a cabo este plan perdería por completo la piedra y toda utilidad por la misma.

Totalmente decidido, Rabí Itzjak se dirijió a uno de los viajeros y comenzó a conversar con él, y en medio de la plática, le confesó que lleva con él una piedra preciosa para el rey.

De inmediato se despretó la curiosidad en el hombre no judío por contemplar la gema y le solicitó a Rabí Itzjak que se la muestre. Le dijo:

"Si en verdad tienes una piedra preciosa como dijiste que es del tamaño de una nuez y el re desea adquirirla, sácala y muéstramela, pues deseo contemplarla" - dijo el viajero como dudando de la palabra de su interlocutor.

Rabí Itzjak puso una cara como que teme sacar la valiosa piedra de su bolsillo y dijo al hombre: "Si me aseguras que tendrás sumo cuidado, estoy de acuerdo en mostrartela"

De inmediato aceptó el viajeroy le aseguró que tendrá mucho cuidado, pues su curiosidad por contemplar la piedra aumentaba de momento a momento.

La extrajo Rabí Itzjak y se la dio. El hombre contempló la piedra, la acercó a sus ojos, la palpópor todos lados y se sorprendió en gran manera por su belleza y tamaño.

Entonces, tocó intencionalmente Rabí izjak la mano del hombre y la piedra cayó al mar y se hundió en las profundas aguas.

De inmediato, se arrojó al suelo Rabí Itzjak en uno de los extremos de la embarcación, arrancó sus pelos, gritó y lloró como si verdaderamente estaba tremendamente dolido por la pérdida de su piedra preciosa. Entonces clamó a viva voz:

"¡Pobre de mi!"," ¿Qué he hecho?", "¡Con mi propias manos perdí toda mi fortuna!. Tenía una piedra preciosa por la cual había podido recibir a cambio una suma de dinero grandiosa de parte del rey y con eso me hubiera hecho rico, y encima el rey me hubiera agradecido, y he aquí la he perdido y quedé sin nada, y ¿cómo me presentaré y alzaré mi rostro delante del rey quién espera tanto la piedra?".

Así hablaba Rabí Itzjak, como si estuviera desauciado por lo que le aconteció. Hasta que se despertó en los corazones de la tripulación un sentimiento piadoso hacia el dolido judío y trataron de consolarlo. Y no se imaginaban que hizo todo esto solo para no vender la piedra.

Los hombres intentaron consolarlo durante el viaje, y cuando llegaron a la capital de Francia, donde se hallaba el rey, el principal de los sacerdotes idólatras, se adelantó y relató al rey lo sucedido.

También el rey creyó en que por accidente cayó la piedra al mar, y también él se asoció a los que intentaban dar consuelo a Rabí Itzjak por el extravío de su piedra y le dijo: "En verdad tiene mala suerte el judío ese, ya que había podido recibir de mi parte miles de monedas a cambio de la importante piedra que tenía y que yo tanto había estado buscando y necesitaba".

Entonces ordenó el rey dar una suma de dinero a Rabí Itzjak para pagar los gastos del viaje de regreso y Rabí Itzjak salió alegre de la ciudad del reinado y regresó en paz a su casa agradeciendo a Hashem por haberle dado fuerzas para superar la difícil prueba que le había puesto en su camino.

continúa