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Se le revela el profeta Eliahu
En
el trayecto de regreso a su casa se le revela a Rabí Itzjak
el profeta Eliahu quién le dice:
"Dichoso
seas Rabí Itzjak!, yo soy el profeta Eliahu y fui enviado
para informarte que lo que hiciste hizo mucho ruido en el
cielo, y provocó mucha satisfacción al Creador del
universo. Haz de saber que el pago por lo que recibirás por
lo que haz hecho es muy grande. Tú arrojaste la piedra
preciosa al mar para hacer la voluntad de Hashem y
santificaste Su nombre, por eso te acreditaste que en esta
misma fecha del año que viene, te nacerá un hijo que
alumbrará los ojos de Israel en la Torá, y saldrá de él
una luz mucho más potente que la que pueda emanar detodas
las piedras preciosas que hay en el mundo".
"Además
hay otra cosa que deseo decirte, en el día de la
circuncisión de tu hijo, no lo circuncides hasta que yo
llegue, ya que haré de "sandak" (el que tiene al
chico en sus brazos en el momento de la circuncisión se
llama así), ya que necesito darle de beber del vaso de vino
sobre el que se recita la bendición antes de la
circuncisión para que la Torá de Hashem esté gravada en
su corazón".
Con
gran emoción escuchó Rabí Itzjak las palabras del anciano,
cuyo rostro resplandecía como el brillo que emana del cielo.
E inmediatamente después que concluyó sus palabras, el
profeta Eliahu desapareció y quedó Rabí Itzjak atónito,
parado en su sitio donde se encontraba, y refrégandose con
las manos sus ojos para decidir si lo que había acontecido
fue un sueño o un hecho real.
Y
cuando comprobó que estaba despierto y no había sido un
sueño lo que había acontecido, comenzó a alabar y
agradecer a Hashem por la noticia que le había transmitido
a través del profeta Eliahu, referente al futuro nacimiento
de un hijo varón, y que además sería una luminaria para
el pueblo de Israel en la Torá.
Rabí
Itzjak se apuró en regresar a su casa para informar a su
amada esposa sobre todo lo que le había acontecido.
continúa
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