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La
circuncisión
Un
silencio absoluto se produjo cuando ingresaron al tierno
niño a la sinagoga vestido con hermosas ropas, y todos los
presentes se paraban delante de la criatura cuando pasaba
delante de ellos en brazos de quién lo traía y le decían:
"Baruj habá" (es un deseo de bienvenida que se
pronuncia cuando se ingresa a un niño a la ceremonia de la
circuncisión). Y el que traía al niño respondía:
"en nombre de Hashem".
El
padre del niño lo tomó en sus brazos y cuando estuvo
parado frente al arca donde se guarda el rollo de la Torá
clamó: "Shemá Israel..." y los versículos
subsiguientes que se estila recitar para una oportunidad
como esta.
Luego
depositó a la criatura sobre "el asiento de Eliahu"
así se llama a la silla donde sostendrán al niño para
circuncidarlo, en mérito del profeta Eliahu, que se hace
presente en cada circuncición, para sanar la herida de la
circuncición en el bebé, pero generalmente no viene en
forma visible como en esta oportunidad sino en forma de
ángel.
Dieron
el honor de hacer de "sandak" al huésped con
aspecto de menesteroso (no sabían los presentes que era el
profeta Eliahu en persona), y todos los presentes se
sorprendieron en gran manera por la actitud de Rabí Itzjak
de dar el honor de sandak a un hombre de las
características de este huésped, es decir con sus ropas
desgarradas y aspecto de menesteroso. En especial, se
sorprendieron porque había allí varios rabinos importantes
y hombres millonarios, y ¿Cómo le da semejante honor a
este pobre?. De todos modos, no le dijeron nada porque Rabí
Itzjak era el padre del niño y puede actuar como le plazca.
Rabí
Itzjak entregó el niño en manos del "sandak",
que lo sostuvo sobre sus piernas y con la garganta asfixiada
de la emoción y los ojos llenos de lágrimas recitó el
padre la bendición: "...ingresarlo al pacto de nuestro
patriarca Abraham".
También
recitó la bendición: "Bendito eres Tú Hashem Di's
nuestro, rey del universo, que me haz hecho vivir, me
conservaste y me hiciste llegar a este momento".
Y
todos los presentes repsondieron: "Así como ingresa al
pacto (la circuncisión), de la misma manera que ingrese a
la Torá, a la jupá (ceremonia de casamiento) y a los actos
buenos".
El
"moel" (asi se llama quién realiza la
circuncisión) recitó la bendición: "...que
santificó el amado del vientre"
continúa
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