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Había un hombre que poseía mucho dinero, y además tenía dos
hijos. El individuo pretendía que los chicos no sean haraganes,
sino que se ocupen en cosas que les otorguen ganancias. Entonces,
aunque sea que no necesitaba en absoluto el aporte de ellos, ya que
poseía muchas tierras arrendadas y ganaba mucho dinero con eso, de
todos modos decidió que los hijos se ocupen en trabajar y no sean
perezosos a causa de no hacer nada. Por eso dio a cada uno de ellos
la cifra de doscientas monedas para que instalen un puesto en los
sitios comerciales que había en la ciudad. Y acordó con ellos, que
lo vayan a visitar cada vísperas de Shabat antes del atardecer, y
si dijeren a él que obtuvieron ganancias en esa semana, él daría
como obsequio cincuenta monedas al que ganó dinero, y al que no
obtuviere ganancias en esa semana, no daría siquiera un centavo, más
aun situvieron pérdidas que no les daría nada.
Ellos actuaron así varias semanas, y cada uno recibía cincuenta
monedas como habían pactado. Pero les tocó una semana magra, en la
que ambos perdieron. Vino uno de los hermanos en vísperas de Shabat,
y le informa a su padre que tuvo pérdidas en esa semana, y
este no le dio nada. Sin embargo, el otro hermano pensó "Para
qué voy a abrir las puertas al mal, mencionando algo negativo?".
"Actuaré de modo diferente, diré: 'Gané la semana pasada!, y
que mi padre entienda por si solo que esta semana perdí". Asi
lo hizo, y por cuanto que abrió su boca para decir cosas positivas,
lo ayudaron desde el Cielo (Hashem), y su padre solo escuchó la
primera parte "Gané", entonces le dio cincuenta monedas
como las semanas anteriores.
Aprendemos con esto que siempre debemos hablar en
forma positiva, inclusive cuando tenemos que dar malas
noticias, no seamos directos, sino busquemos la manera de decir algo
positivo, y que lo verdaderamente
ocurrido que es lo que debemos informar, lo cual es negativo, que se
entienda por si solo.
Adaptado
del libro "Niflaim Maaseja" de Ben Hish Jai,
perek "6"
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